Los hombres construyen casas, levantan edificios, abren el espacio para plazas, para calles que transitar; hacen un mundo donde lo que había, simplemente, era la presencia indiferente del cosmos, de las piedras y los arbustos. Ese mundo está hecho para permanecer, para que exista algo duradero que escape a la hecatombe continua del tiempo y los procesos naturales, para fundar un lugar. Pero el mundo, para seguir siendo mundo y no meramente materia en devenir inacabable, necesita que quienes lo construyen y lo heredan se cuiden, a su vez, de conservarlo. Sin el cuidado de las cosas, se abate sobre ellas la amenaza de la desaparición, y regresan a ser momentos del metabolismo de la naturaleza, alimentos perecederos de los que el universo se nutre para seguir en movimiento. Entonces, la piedra que levantaba habitaciones vuelve a fundirse con el suelo; el adobe se derrite hasta ser, otra vez, barro; la plaza es de nuevo ganada por la vegetación que abole el espacio en el que los hombres hablaban, se insultaban, comerciaban o reían.
Cuando lo hecho para permanecer es abandonado, a los hombres sólo les queda ser operarios del proceso digestivo de la naturaleza. Cuando lo levantado para durar es descuidado, los hombres se quedan sin mundo, y sólo les queda la preocupación por sí mismos. Trabajan y consumen sin dejar nada persistente. Detrás, como resto de un pasado en el que todavía había cosas, han quedado las paredes, los escalones que llevaban al piso de arriba, las mecedoras, las colchas de punto y el quicio de las puertas; también las tejas, las persianas inútiles, las muñecas de trapo, el atizador del fuego, el marco de las ventanas. Lentamente van borrándose, diluyén, desvaneciéndose en una naturaleza que se inmiscuye por las grietas y las junturas y, algún día, lo devorará todo.Pero hoy, todavía, llevan adheridas las sombras de quienes las heredaron, las usaron y transmitieron, porque las cosas guardan el rastro de aquel que alguna vez cuidó de ellas.
Borja Lucena Góngora, presidente del CirculoFilosófico Soriano.
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